07/11/09

Fiebre

(Toldos, de Horacio Coppola. Buenos Aires, 1936)


Toldos al viento esta madrugada,
parecen querer contarnos algo
antes que llegue una vez más la mañana.
Oídos atentos, la ciudad reclama,
con sus toldos esta madrugada:
hay un hombre que camina hacia su casa.
Cruza la plaza, surge una idea:
no volver esta noche a su casa,
total, nadie lo espera.
Decide perderse en la madrugada,
desaparecer y permanecer
hasta la mañana.
Camina sin rumbo
al son de los toldos que vuelan al viento,
el hombre esta atento,
comienza a entender cual es el sentido
de esta madrugada, de no volver,
de perderse en silencio antes del alba.
Inquietud por saber donde todo se acaba,
nuestro hombre siente fiebre
y comienza a volar con el viento,
esmeraldas hoy brillan en las cuadras
y él comienza a ascender más y más,
Toldos al viento lo despiden
sabiendo que no volverá,
que ya escuchó todo,
que nadie lo espera.
Y por eso se fue.

Antonio Birabent
Armonía Casera Mayor

01/11/09

hojas tardías de otoño


Piso hojas muertas
mientras armonías
me llevan lejos
y no me devuelven
de donde llegué.

Miro los ojos
que no ven
escucho palabras
que no hablan
y nadie me espera.

Me ahogo
me voy
me hundo
me embarro
me traga.

La sordidez del mundo
la ceguera
el aislamiento
la decrepitación
la vejación total.

Me sumerjo
en las hojas muertas de la plaza.
me despido
de los ojos ciegos
de las palabras sordas

Me escribo
me desdibujo
me libero
me aprisiono
me devora.
/gn/
Dibujo de Genio Mosqueira

31/10/09

(in)comunicado


Hablo solo. Por más que grite, nadie escuchará.
Las palabras, los pensamientos, rebotan. Van y vienen. O se van. No lo sé.
Si regresan, lo harán desde mi voz. Nadie responde. Ni los compañeros.
Hasta ellos mismos se aburrieron de escucharme. Creen hacerlo, pero en verdad
están escuchando otra cosa, de otra persona que no soy yo.
Nos hablamos sin escucharnos.
Nos miramos sin vernos.
¿Acaso ya nadie tiene algo para decir?.
¿Está todo dicho?.
¿Es este el fin?.
¿O es apenas una de esas largas pausas en la que simulamos vivir?.
gn

Dibujo del Genio Mosqueira.

27/10/09

Y SI DESPUÉS DE TANTAS PALABRAS...

¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da...!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena...
Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra!

CESAR VALLEJO

14/10/09

(des)iguales


Dice la ley que todos somos iguales, pero lo cierto es que algunos son más iguales que otros.
También se nos enseña de chicos que los derechos de otros empiezan donde terminan los derechos de algunos.
Pero lo cierto es que los derechos de los otros nunca empiezan porque los derechos de algunos nunca terminan de terminar.
¿Quién fija el límite?
¿Quién determina la frontera de los derechos?
¿Quien determina la frontera de la igualdad?
¿Porqué hay mujeres que tienen que pedir permiso a la policía para manifestarse por sus derechos?
¿Y porqué la Iglesia Católica no necesita pedir permiso alguno para manifestar su oposición a que aquellas mujeres reclamen por sus derechos personalísimos?
¿Quién define qué moral es más alta que cualquier ética?
¿Porqué hay personas que al cortar una ruta o una avenida son reprimidas, encarceladas y hasta asesinadas?
Mientras hay otros que al cortar una ruta o una avenida son descriptos por los grandes diarios como patriotas que luchan por la República.
¿Porqué hay pibes que pueden tomar un colegio, cortar una avenida y a lo sumo son retados por Magdalena Ruiz Guiñazú, mientras que otros pibes, a pocas cuadras, son perseguidos policialmente y señalados por los grandes medios como peligrosos, sólo por limpiar parabrisas para poder sobrevivir?.
Repito, ¿quién dice que fulano es igual a mengano?
¿Quién mide el derecho de mengano respecto del de sultano?
Y la cosa se complica si pongo apellidos, si describo como se visten y si les cuento qué piden unos y qué piden los otros.
Así, llegaremos a la conclusión de que es verdad de que algunos son más iguales que otros. Y esos otros son los mismos de siempre. Son los otros que siempre deberán esperar a que los algunos terminen de gozar sus derechos. Son los otros de siempre que serán menos iguales que los algunos de siempre.

Pero esto no debería ser así. ¿O acaso la igualdad no debería medirse de acuerdo a la vigencia y satisfacción de los derechos fundamentales?
Tendría prioridad quien está más urgido de las necesidades más elementales para vivir. Quien reclama por los estándares mínimos de dignidad humana, siempre medidos, por supuesto, por la desesperación y la vulnerabilidad. Nunca por un estado ideal, claro. Nunca por las condiciones de los que mejor la pasan.
¿Y no es cierto que los derechos no tienen fronteras, sino que viven en una permanente tensión, marcada por la desigualdad y la exclusión social?
Qué pregunta. Pero nadie responde, nadie se detiene a pensar un minuto en esto. Es más fácil repetir las ganzadas de la señora de los almuerzos, las boberías de Susana y las enseñanzas del Mariano que escribía discursos para Dictadores, o ahora de un tal Marcos que está tan de moda que hasta un Diario muy importante de la Capital le dedica la edición de su “biblioteca” (pobre de Cortázar...). Ellos sí que tienen sentido común. Ellos sí que saben lo que la gente quiere…
En fin… cada uno es como es, y cada quien es cada cual.
Prefiero los caminos a las fronteras…
Prefiero, el tiempo al oro,
la vida al sueño,
el perro al collar,
las nueces al ruido
y al sabio por conocer
que a los locos conocidos.
Prefiero la revolución a las pesadillas de siempre…
/gn/

Dibujo del Genio Mosqueira

30/09/09

(des)atados


El Grupo Clarín nos advierte que una vez aprobada la nueva ley de servicios audiovisuales habrá canales de televisión que “desaparecerán”. Sin embargo, aún sin ser aprobada por el Senado, el cable operador de Multicanal, perteneciente al Grupo Clarín, borró de su grilla de canales a Telesur. Hablan también de que habrá voces amordazadas. Sin embargo ya se anunció que el programa “Televisión registrada” no seguirá en el canal 13 el año próximo, y mientras tanto saldrá al aire dos horas y media más tarde de su horario habitual, es decir media hora después de la medianoche, y justo en el momento en que sus conductores se manifestaron a favor de la ley.
Habrá quienes digan que esto no es así y se darán explicaciones técnicas, contractuales, etc.… pero es demasiada la coincidencia y en verdad… ya no me chupo el dedo.
Que los propietarios y las voces cantantes que representan los multimedios utilicen cuanto artilugio tengan a su alcance para defender sus intereses es entendible. Ahora, que la clase media que no posee participación en la propiedad de dichos medios defienda nuevamente negocios ajenos (tal como sucedió con la resolución 125) me genera un gran problema que no puedo terminar de resolver. Porqué tanta preocupación por cuidar los bolsillos de los que siempre se han enriquecido en este país, y más aún de los que fueron cómplices de dictaduras. Qué es lo que se defiende en el fondo de la cuestión.
Por mi cuenta me haré cargo de los intereses que yo defiendo al apoyar la aprobación de esta nueva ley. Defiendo el derecho fundamental a la deliberación pública. Al libre acceso a la libertad de opinión. Defiendo el interés público de democratizar el acceso a los medios de comunicación. De que sectores sociales que hasta hoy nunca tuvieron espacio ni voz puedan hacerse ver y oír. Defiendo mi derecho fundamental de informarme y de formar mi opinión sin trampas, sin mentiras, sin lobbies, sin mercenarios. Y si los hay, que pueda cambiar de canal o dial y que otras voces puedan denunciar esas trampas, esas mentiras, esos lobbies y a esos mercenarios. Defiendo mi bolsillo, sí, MI BOLSILLO, porque no quiero pagar más lo que se le antoja cobrar al cable operador monopólico para poder ver televisión sin poder elegir cómo. Defiendo mi interés político de poder escuchar las voces con las que me siento identificado ideológicamente. Defiendo mi interés cultural de poder apreciar las expresiones artísticas que hoy no tienen lugar debido a que hoy sólo se muestra en televisión lo que a Suar y a Tinelli se les ocurre. Porque ellos son los que marcan la pauta de lo que “vende” y lo que “garpa”, y todos los demás canales muerden las migajas que el tiburón deja… y así todos viven de los escandaletes y de los ojetes que representan hoy los valores culturales que el grupo Clarín te propone. Y no quiero dármelas de vanguardista, porque tampoco quiero imponerte mis gustos culturales. Lo que pretendo es que al diversificar y democratizar la oferta mediática, el monopolio ya no podrá atentar contra la diversificación y la democratización cultural. Defiendo mi interés personal de poder elegir.
Entonces, te propongo que vos, del otro lado, hagas el mismo ejercicio y te preguntes CUÁLES SON LOS INTERESES QUE DEFENDÉS al estar en contra o a favor de esta ley. Y no te estoy preguntando si estás en contra o a favor del gobierno.
/gn/

29/09/09

hipocrecía

Porqué tanta intolerancia hacia nuevas voces que opinan?
Porqué mi operador de cable no me permite ver más Telesur?
Porqué tanto enojo desatado si sólo se trata de sumar y no de restar?
Porqué la actitud caprichosa de no querer discutir racionalmente?
me sigo preguntando cuáles son los intereses que se defienden... y porqué nadie se hace cargo de ello.

27/09/09

(des)memoria...

(Genio Mosqueira)

Comparar sin anteojeras Por Mario Wainfeld
El proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (SCA) tiene un trayecto democrático y parlamentario más que interesante. La Cámara de Diputados recogió importantes reformas exigidas por la oposición de centroizquierda que, con su incorporación, lo aprobó en general. En Senadores es más que posible que se añadan cambios relevantes en la cláusula de desinversión y, eventualmente, en la autoridad de aplicación (ver asimismo nota aparte). En todo caso, esos aspectos se ventilaron en las cámaras, en foros públicos y en los medios. La polémica alcanzó un refinamiento inusual, digno de ser saludado. Hasta se escudriña con lupa cuántas comisiones examinan el texto.
Ese trámite rico e intenso suele menoscabarse con un discurso que reniega de la falta de institucionalidad, de la urgencia, de un oficialismo sordo y cerrado. Un sobrevuelo por leyes determinantes en los últimos 25 años comprueba que la prisa, las mayorías apretadas, los pasos fugaces por las cámaras han sido más regla que excepción. También que determinaciones gravísimas (el corralito, el recorte a las jubilaciones) se impusieron mediante decretos del Ejecutivo y se refrendaron por el Congreso más tarde, en plena aplicación. La disciplina de los oficialismos, la restricción a aportes opositores también fueron costumbre.
El análisis comparado es inusual en las crónicas domésticas: ni se coteja el presente con el pasado, ni la realidad local con la de otras comarcas. Si se lo hiciera, como se tratará de esbozar en esta breve nota, quizás habría juicios menos tonantes. Tal vez por eso no se hacen, también incide la pereza. Para desafiarla, apenas, vaya este recordatorio, que no pretende ser exhaustivo ni, ejem, cerrar el debate.
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Ampliación de la Corte (primera presidencia de Menem, 1989). A tantos años vista, huelga decir que para el gobierno peronista era esencial cambiar la composición de la Corte Suprema, vía la ampliación del número de sus integrantes. Lo precisaba para su proyecto económico social: una sedicente “modernización” que arrasó al Estado benefactor, renunció a la política monetaria, desguazó el patrimonio estatal y barrió con conquistas laborales producto de años de lucha.
En septiembre de 1989 el presidente Carlos Menem hizo entrar el proyecto de ley por el Senado, donde contaba con mayoría confortable. Fue aprobado en septiembre, pese a la oposición de la bancada radical. José Luis Manzano, jefe del bloque justicialista de Diputados, procuró que se tratara ese mismo día, fracasó. El proyecto debió esperar unos meses y se consagró en una sesión escandalosa, literalmente entre gallos y medianoche. La lista de oradores se suspendió abruptamente, el radicalismo se retiró del recinto, la iniciativa ganó raspando. Manzano saltó de alegría, entonó la marcha peronista a voz en cuello con sus compañeros. Doce días después se enviaron los pliegos de los nuevos cortesanos al Senado. La sesión, secreta, fue un modelo de ejecutividad: duró siete minutos, sin presencia de la oposición.
Manzano, por estos días, mora cerca del Congreso. Hace lobby desenfadado contra la ley de SCA, en representación del Grupo Vila, que integra. El Chupete se vale del perfil bajo y el diálogo entre cortinados, a diferencia de lo que hacía en esos idos buenos tiempos. Sus gestiones no versan sobre calidad institucional sino sobre vísceras sensibles. Daniel Vila, otra cabeza del grupo, es quien sale a la palestra haciendo comparaciones con la dictadura militar. Ni mención a episodios en los que Manzano fue protagonista central como el que reseñamos o como...
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La privatización de YPF (1991, primera presidencia de Menem). El Senado fue la cámara iniciadora. Aun con el clima de época (privatista y de abatimiento de la resistencia popular) al oficialismo le costó colar la entrega de la nave insignia de las empresas estatales. La Cámara alta, con todo, le fue fiel y aprobó la propuesta del Ejecutivo. La UCR se opuso y hasta auguró que revisaría la privatización más adelante, si llegara al gobierno. En Diputados el trámite fue tumultuoso, el catamarqueño Luis Saadi denunció que giraban sobornos de ocho millones de dólares por cada legislador (seguramente exageraba en cuanto a la extensión y al importe). Hubo lo que ahora se llamaría “borocotización”.
Tras varios fracasos en lograr quórum, el oficialismo consiguió el apoyo del llamado bloque intersindical, compañeros cegetistas que cooperaron en la entrega. Se llegó al quórum estricto, circunstancia en la que Jorge Matzkin (jefe de la bancada peronista) conminó sarcásticamente a “que salgan los radicales que están atrás de los cortinados”, un slogan que transformaría en mantra. La sesión se prolongó más de un día, con un cuarto intermedio. El proyecto se aprobó sin modificaciones. Los radicales, que se retiraron del recinto comandados por César Jaroslavsky, despotricaron contra la medida. Pero al día siguiente, en conferencia de prensa, le hicieron una reverencia a la seguridad jurídica anunciando que no la revisarían si llegaran a la Casa Rosada en 1995.
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Recorte jubilatorio (presidencia De la Rúa 2000). En julio de 2001, Fernando de la Rúa y su ministro de Economía, Domingo Cavallo, anunciaron en la Casa Rosada que “primero se pagará la deuda (externa)” y luego los salarios y jubilaciones estatales. Dos días después se dictó el decreto 896/01 que recortó jubilaciones y salarios estatales en un 13 por ciento. La resistencia a la movida incluyó un paro general nacional convocado por la CGT y la CTA. El decreto fue enviado al Congreso en pos de una mayor legitimación. Diputados lo aprobó, aun con el distanciamiento del Frepaso, por primera vez durante la gestión aliancista. La ley entró al Senado el 25 de julio, sólo dos semanas después del anuncio. De la Rúa envió una carta de puño y letra a cada uno de los senadores justicialistas que se mostraban renuentes y despotricaban a voz en cuello. Su comportamiento, empero, fue funcional a la aciaga iniciativa aunque cuidando las formas. Dieron quórum para una atolondrada sesión ¡sábado a la noche! En la madrugada dominical levantaron la mano los senadores oficialistas, varios provinciales y un tránsfuga justicialista: Omar Vaquir. Los votos alcanzaron, ahí justito.
Aun con los pruritos justicialistas, el texto pasó por una sola comisión senatorial, la de Presupuesto. Los radicales gobernantes en 2001 eran, por lo visto, menos puntillosos que ahora, cuando moran en la vereda de enfrente. Tal vez habría venido bien un vistazo de la Comisión de Asuntos Constitucionales: el recorte era manifiestamente violatorio de varias garantías consagradas en la Carta Magna. La Corte Suprema declaró la inevitable inconstitucionalidad en 2002. En el ínterin, los jubilados vieron sisados sus ingresos.
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Corralito (De la Rúa, 2001). El corralito fue también implementado mediante decreto por la dupla De la Rúa-Cavallo, cuando estaban en preembarque del gobierno hacia la sociedad civil y el ostracismo. El megaministro hizo el anuncio el primero de diciembre. El consabido decreto de necesidad y urgencia llevó el número 1570/01, se publicó en el Boletín Oficial dos días después. La implementación fue inmediata. El 19 de diciembre, horas antes de la declaración del estado de sitio, la Cámara de Diputados lo aprobó limitando algo sus alcances. El Senado redondearía el proceso unos pocos días y varios presidentes después: el Día de Reyes de 2002, con Eduardo Duhalde en el sillón de Rivadavia. Del paso por las comisiones nada registra la crónica, audiencias públicas no hubo.
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Otras yerbas. La sinopsis podría sumar casos más patológicos, con mayores irregularidades y corrupción, como la Reforma Laboral de la Alianza, con sobornos para senadores oficialistas y opositores. O intentos de fraude parlamentario, frustrados por testigos y periodistas, como fue la invención de “diputruchos” para lograr quórum para el menemismo en 1992.
Tampoco nos detendremos en la ley de obediencia debida, de tremendas consecuencias en materia de derechos humanos. Se resolvió a tambor batiente con presiones sobre el bloque oficialista y sin abrir las comisiones parlamentarias a los organismos de derechos humanos.
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Legitimidad y legalidad. La ilegitimidad de la actual composición del Parlamento, otra acusación en boga, amerita asimismo una mirada retrospectiva. El especialista en Comunicaciones Guillermo Mastrini encontró un ejemplo comparativo bien pertinente, que está posteado en el blog seminariogargarella.blogs pot.com. Evoca Mastrini: “En agosto de 1989, luego de la caída del alfonsinismo, pero antes de que asumieran los diputados electos, el Parlamento aprobó las leyes de Emergencia Económica y de Reforma del Estado, conocidas como leyes Dromi. En uno de sus artículos se eliminaba el impedimento para que los dueños de medios gráficos pudieran ser licenciatarios de medios de radiodifusión. A partir de dicha modificación pudo constituirse el grupo Clarín. De esta forma, no sería arriesgado señalar que de sancionarse la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual tendría la misma legitimidad de origen que todos los grupos multimedia que existen en Argentina. Salvo que se utilice un criterio cuando el proceso favorece y otro cuando perjudica”. Ajá.
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Otras yerbas (II). La primacía del Ejecutivo es otro rezongo recurrente, con poco anclaje en la experiencia comparada. El politólogo italiano Gianfranco Pasquino (insospechado, que se sepa, de populismo o kirchnerismo) desmenuza la cuestión en su recomendable libro “Los poderes de los Jefes de Gobierno”. “Quien debe hacer las leyes –mociona Pasquino– es el Gabinete y no el Parlamento, el primer Ministro y no los parlamentarios, por buenas razones.” Lo sostiene con datos empíricos de importantes sistemas políticos europeos. En Alemania, el 76 por ciento de las leyes aprobadas fue promovida por el “Gobierno”. En España la marca sube al 92 por ciento, en la ejemplar Suecia llega al 96 por ciento. Acá llamarían “escribanías” a esos parlamentos.
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El pasado y el hoy. El cronista sabe que, en el acotado marco de lo posible, es mejor que las leyes se asienten en consensos amplios. Eso les da, de movida, sustentabilidad y legitimidad mayor. Las administraciones kirchneristas no quisieron o no supieron construir esos consensos para la reforma del Consejo de la Magistratura (cuya aprobación consiguieron) o para las retenciones móviles (contienda que perdieron). En la recuperación democrática ha habido muchos casos edificantes con aprobación unánime o filo unánime: la ley de Defensa de la Democracia, la que sancionó la inconstitucionalidad de las leyes de la impunidad, la ley Nacional de Educación por citar un puñado. Ese objetivo superior no siempre es accesible.
El repaso de esta columna, que se sabe discrecional pero pretende no ser arbitrario, no aspira al conformismo ni reniega de la búsqueda de mejor praxis política o parlamentaria. Pero sí dar cuenta de que algunos reproches que se concentran en el presente parten del falso implícito de que todo tiempo pasado fue mejor.
El martes que viene, 29 de septiembre, se cumplirán 140 años desde que el Congreso aprobó a libro cerrado el Código Civil redactado por Dalmacio Vélez Sarsfield. Así lo impulsó el presidente Domingo Faustino Sarmiento levantando vendavales de cuestionamientos. En este año se conmemoró el decimoquinto aniversario de la Reforma Constitucional de 1994 cuyo nodo, “el núcleo de coincidencias básicas”, fue pactado por el peronismo y el radicalismo antes de la Constituyente. Lo blindaron y lo sustrajeron al debate respectivo.
Con tales precedentes y tanta agua corrida bajo el puente, lo sensato es contextualizar y valorar menos prejuiciosamente lo que está transcurriendo, sin renunciar para nada a tratar de mejorar los desempeños colectivos, día a día, de aquí en más.

Informe: Nicolás Lantos. mwainfeld@pagina12.com.ar
Link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elpais/1-132482-2009-09-27.html

15/09/09

say no more...


(dibujo del Genio Mosqueira)

Carta al compañero Pino
Por Mempo Giardinelli

Estimado Pino: Aunque nunca nos vimos, estuve siempre cerca suyo, por lo menos desde La hora de los hornos. Lo acompañé después, cuando el antimenemismo. Admiré su cine, apoyé su gestión legislativa y hasta hice guardia en la vereda del sanatorio de la calle José Hernández cuando lo balearon cobardemente. Le escribo desde estos humildes pergaminos y desde la simpatía que me produjo su retorno a la política. Y aunque no vivo en Buenos Aires, probablemente hubiese estado entre los que alentaban su acercamiento a Carlos Heller para las elecciones del 28 de junio, que pudieron significar –de haber ido juntos– la sepultura del macrismo.
Estas líneas son para decirle que ahora tiene usted razón en casi todo lo que plantea en la tele: nacionalizar Telecom; garantizar que con los dineros públicos no se hagan negocios privados y muchas otras, casi todas sensatas, anheladas y compartibles. Tiene razón también al fustigar al kirchnerismo en sus desprolijidades, oscuridades y posibles corruptelas. Aunque yo creo que usted exagera cuando los compara con el menemato, porque no son lo mismo. Hay enormes diferencias y le voy a dar sólo tres ejemplos, para no abundar: los K fueron erráticos y desacertados con la propuesta del Tren Bala felizmente congelada (yo escribí en este diario al respecto), pero no fueron los que desmantelaron los ferrocarriles. Los K son esquivos y tienen doble discurso, pero a la Corte Suprema la adecentaron ellos, mientras que Menem instaló y mantuvo allí a una especie de pandilla adicta. Los K llevan adelante una política de Defensa ejemplar, como nadie llevó en este país en democracia. Y tenemos hoy una Ley Nacional de Educación que vino a sustituir la destructora Ley Federal de Menem, Decibe y García Solá.
Son más de tres ejemplos, y dejo de lado una política de derechos humanos como millones de compatriotas, y supongo que usted también, siempre quisimos por lo menos desde 1983. La cual es muchas veces más declarativa que efectiva, desde ya, pero innegablemente permitió avances extraordinarios en el más árido y dificultoso terreno de la recuperación democrática.
Por favor, Pino, no se le ocurra simplificar esto acusándome de kirchnerista, porque no lo soy. Tampoco formo parte de la Carta Abierta de intelectuales, ni tengo amigos en el poder, ni me deben ni debo favores. En 2003 no voté a Kirchner y en 2007 sí voté a Cristina, como lo hicieron millones de argentinos/as que ya veíamos el avance de toro furioso de una derecha conservadora que –lo viene probando– es capaz de decir y hacer absolutamente cualquier cosa.
O sea que le hablo –le escribo– como un simple compatriota, independiente a rabiar, ni sé si de izquierda, que tiene la posibilidad de hacer público su pensamiento. Y que se siente alarmado por lo que considera su ceguera, Pino. La suya y la de algunos de sus respetados compañeros más cercanos.
No se ofenda, que la ceguera no es insulto. Es simplemente la imposibilidad de ver. Y a mí me parece, dicho sea con todo respeto, que usted no ve por lo menos lo siguiente:
1. Que éste es un proyecto superador, aunque tenga puntos cuestionables. Hoy nuestro país tiene la oportunidad de sancionar un régimen nuevo, infinitamente mejor que el horrible mamarracho que es la ley de Videla. Le recuerdo, al respecto, que si usted y los que le responden no votan esta ley, de hecho y aunque quieran diferenciarse, serán responsables de que sigamos regidos por esa ley infame, la 22.285 de la dictadura.
2. Que a millones de compatriotras nos importa un pito la pelea entre Clarín y Néstor K. Pero sí nos importa que esta será una ley antimonopólica. Abre espacios a la participación de sectores marginados (y tiene usted razón en que por esa puerta pasarán las fundaciones de las grandes empresas, pero en la Argentina hay miles de fundaciones serias y honradas, dicho sea advirtiendo que la que yo presido no tiene el menor interés en ser de la partida). Pone límites como nunca los hubo, y aunque es verdad que es oscura la autoridad de aplicación, le recuerdo que hoy ni siquiera hay autoridad, pues lo que hubo hasta ahora fue un Comfer idiota. Protege a la infancia y la niñez. Fomenta el cine argentino y la producción nacional. Y respecto de las telefónicas, el tema parece haber quedado resuelto ayer.
Entonces, ¿cómo oponerse, Pino? ¿No se da cuenta a quién/quiénes va a favorecer el rechazo de esta ley? ¿Cómo van a hacer después sus diputados, una vez diferenciados del Gobierno, para diferenciarse de cívicos y republicanos que están más ciegos que Polifemo y que por desdicha no saben lo que hacen, escupiendo sobre sus historias y sus trayectorias?
¿Cómo es posible que el fanatismo anti K los lleve a coincidir con lo más reaccionario del país, esos sectores que siempre frenan el carro de la Historia? Y no es que los K signifiquen la modernidad –Dios libre y guarde–, pero ésta no es “la ley K” que dicen los cartelitos bajo los que usted habla en los muchos programas a los que ahora lo invitan. Esta ley es de cientos de organizaciones y de miles de personas y comunicadores que venimos luchando y haciendo docencia desde hace muchos años. Sería bueno que eso se respetara; que usted y los diputados que le son leales lo tuvieran en cuenta.
Porque es necesaria esta ley, aun con sus errores, Pino. Por más que usted tenga razón en casi todo lo que cuestiona, hay algo que es seguro: para el pueblo argentino nada va a estar peor con ella, y muchísimas cosas tendrán mejores posibilidades. Pero todo va a ser mucho peor si la rechazan.
Dios o el destino, o el ignoto Ojalá quieran que usted y los suyos no se equivoquen. Porque va a ser un error fiero. De consecuencias peores que cualquiera que usted imagine para este país después de esta ley.
Un saludo atento, respetuoso y cordial.