21/12/11

Feliz cumple...


20 años ya... a mis 18, mi cabeza empezó a romperse un poco para volver a rearmarse con otros colores, otros sonidos, otros sueños.
Hoy vuelvo a escuchar este disco, pero su versión de los 20 años (como si hubiese sido grabado ayer) y vuelvo a refrescar aquella voladura de azotea... gracias una vez más.
gn

18/12/11

10 años


La historia de Cárdenas
Fue la foto que anunció que empezaba la masacre. En la madrugada del 20 de diciembre de 2001, un hombre yacía en las escalinatas del Congreso. De milagro salvó la vida por unos meses y ahora su nombre es una causa abierta.
Por Adriana Meyer
Esa madrugada no pudieron convencerlo de quedarse. “Yo también soy un trabajador que no me alcanza la plata y nos están robando, tengo que estar ahí, tenemos que echar a todos”, dijo Jorge Demetrio Cárdenas, y salió con su hijo Martín y un vecino. La familia se quedó en su casa de Merlo y prendió el televisor porque otra vecina había ido corriendo a avisarles: “Pongan Crónica, están diciendo que mataron a tu papá”. Así lo vieron, tirado en un charco de sangre al pie de las escalinatas del Congreso. “Desesperados, ciegos de dolor, no sabíamos qué hacer, no teníamos en qué ir hasta Capital, esa noche todo era un caos. Un remisero amigo nos llevó con mi hermano Juan. En la radio decían que trasladaban al primer herido de bala de plomo al Hospital Ramos Mejía. Cuando llegamos lo estaban operando, le pusieron dos litros de sangre y le salvaron la vida”, dice Verónica Cárdenas a Página/12.
Ese 20 de diciembre de 2001 los medios lo habían dado por muerto, pero su esposa, Blanca Lobo, llamó a varios para pedirles que lo desmintieran, “no sea cosa que vaya a pasarle algo si creen que está muerto”. Tenían miedo, en los días que siguieron recibieron amenazas y llegaron a tener custodia de Gendarmería. Cárdenas fue baleado dos veces, una en la ingle con un balazo que le perforó la arteria femoral y otra en la pierna, de donde le sacaron un proyectil de 9 milímetros.
Cárdenas había sobrevivido luego de ser baleado en el Congreso y el día que declaró Fernando De la Rúa fue a Comodoro Py con una copia de la foto que lo muestra tirado en las escalinatas. Tuvo fuerzas para ir a alguna reunión de las asambleas multisectoriales que florecían por esos días, donde mostraba orgulloso sus cicatrices, como heridas de guerra. Pero comenzó a deprimirse luego de la muerte de su hermana. “Pasaron los días, los meses, y mi papá empeoraba, tenía miedo, no podía ir a trabajar, extrañaba mucho a la mamá de Darío, que falleció por depresión al año que mataron a mi primo. Quedo solo en ese momento, luchando por él”, dice su hija. El 22 de julio de 2002 fue internado por alta presión, tuvo un ACV y no pudo salir de la terapia intensiva, falleció cinco días después. “Fue una lucha que no pudo ganar, esto fue a consecuencia de los disparos que le provocó la Policía Federal, pedimos justicia, que el policía gatillo fácil que le disparó vaya a la cárcel”, afirma su hija, Verónica Cárdenas, como vocera de la familia.

La vida
Cárdenas nació en Bahía Blanca, tenía 52 años, era martillero público, llegó a tener cinco inmobiliarias y fue delegado municipal de Libertad, en el partido de Merlo. “Tenía varios hermanos, a dos no conoció porque su mamá los dio en adopción, pero creció con otras dos hermanas en Temperley”, cuenta su hija. “Le iba bien en los negocios, era muy solidario y se fue ganando cariño y respeto en el barrio”, agrega Verónica, que nació luego de Juan Manuel y antes que Sergio Martín, los tres hijos de la pareja. “Era un romántico, me conozco todas las películas de Sandro por él, en las fiestas salía a bailar y animaba a todos, le gustaba Luis Miguel pero también los Redonditos de Ricota, le compraba los cassettes a mi hermano Martín, que hoy es fanático”, recuerda. De sus cuatro nietos sólo llegó a conocer a Marina, la hija mayor de Verónica que hoy tiene 15 años. “Era la luz de sus ojos, jugaba con ella tirado en el piso como no había podido hacer con nosotros porque trabajaba mucho”, dice.
La mujer es madre soltera, cuenta que salió a limpiar casas con su mamá cuando se quedaron sin nada, y agradece “al ex presidente Néstor Kirchner que nos recibió y nos dio trabajo”. Para ella, la “rebelión popular contra el presidente De la Rúa” se interpuso en su vida familiar. “Ese día salió la gente de plata porque le habían robado su dinero, pero más tarde salió todo el pueblo porque nos dimos cuenta de que también a los más pobres nos habían tocado el bolsillo”, dice. “A papá lo tratamos de frenar porque lo que se veía por la tele era sólo represión, pero no quiso quedarse”, recuerda sobre aquella madrugada.
Según su hija, así era su carácter. “El 29 de abril de 1994 en una emboscada que La 12 de Boca, cuando el líder era El Abuelo, le hace a hinchas de River luego de un partido, donde River ganó 2 a 0, mataron a mi primo Walter Darío Vallejos junto a otro chico, Angel Delgado. Para mi papá fue un golpe muy duro, mi primo tenía 19 años y era su sobrino y ahijado, juró que iba a hacer justicia y así fue, no paró hasta que metió a toda La 12 en la cárcel, fue histórico, nunca había pasado algo así”, dice con orgullo sobre aquella sentencia que condenó al fallecido José Barritta a 13 años por asociación ilícita. “Hizo todo lo que estaba a su alcance, como nos enseñó a ser leales, buena gente y transparentes, papá fue muy compañero y amigo”, describe Verónica. Su papá era hincha de Boca pero luego de la emboscada fatal dejó de serlo.

La causa
La esposa y los hijos acudieron a los tribunales federales de Retiro y fueron escuchados por la fiscalía. Sin embargo, para la Justicia, Cárdenas murió porque “era un hombre enfermo que tenía diabetes” y no por las heridas del 20 de diciembre de 2001. El informe que recibió la jueza federal María Servini de Cubría señaló que su cuerpo, que fue exhumado, “no tenía ningún proyectil de bala”. Su hija dijo a Página/12 que no era diabético sino asmático, y relató que “la bala que le sacaron en el hospital desapareció misteriosamente”.
Cinco policías llegaron a estar acusados por la fiscalía, porque a las 3.30 de la madrugada del 20 de diciembre los manifestantes acorralaron a varios uniformados contra las puertas del Congreso, tirándoles con lo que tenían a mano, y éstos respondieron disparando. Pero cuando se realice el juicio oral por la masacre, en teoría a mediados de 2012, ningún policía o funcionario será juzgado por el caso de Cárdenas. Sin embargo, los jueces de la Cámara Federal Gabriel Cavallo y Horacio Vigliani habían tomado como referencia “el suceso en que resultó herido de bala de plomo Jorge Demetrio Cárdenas” cuando pidieron la indagatoria de Fernando de la Rúa por homicidio culposo. Consideraron que el ex presidente debió haber tomado conciencia de la dimensión de la represión que había desatado con su orden de desalojar la Plaza de Mayo, como requisito para negociar con la oposición. “A partir de dicha circunstancia debió haber cesado la confianza de los funcionarios políticos del Poder Ejecutivo en la policía, en lo atinente a la contención de las manifestaciones”, escribieron. Al parecer, a pesar de este “aviso elocuente”, el ex presidente no sólo estaba mirando otro canal, también estaba mirando otra foto.

La noche de la foto
La escena recorrió el mundo, pareció ser el primer muerto de la masacre del día después. Pero Jorge Demetrio Cárdenas estaba vivo cuando unos pocos reporteros tomaron esa foto y “con la otra mano llamábamos a una ambulancia”, como recuerda Gonzalo Martínez, de Página/12. Era la madrugada del 20 de diciembre y los manifestantes de Plaza de Mayo iban hacia Congreso. “La sensación de momento histórico la tuve desde que escuché las cacerolas, parado en la puerta del diario mientras la gente salía como hormigas hacia la plaza. Los fotógrafos, que venían de un larguísimo día de saqueos, ya se habían ido, pero tenía que ir a ver qué estaba pasando. El vértigo duró toda la semana”, dice Martínez.
“Cárdenas era de una generación distinta de la de la mayoría de los chicos que cayeron, estaba en una actitud de protesta, no beligerante y agresiva, aunque la bronca era normal porque todos estábamos mal, volaban balas por todas partes, y la Montada y las motos no paraban de agredir a la gente. Los reporteros y los motoqueros tuvimos un rol importante, como decirle a la cana ‘hasta acá, mirá que te estoy fotografiando’. El país al que había vuelto después de muchos años del exilio de mi padre se estaba desarmando y desangrando, y no se sabía qué venía después. Demetrio es la imagen de ese país desolado”, reflexiona Martínez. “La protesta frente al Congreso era importante, pero cuando empiezan a tirar se produce un desbande. Queríamos entrar a todos lados para escapar de las balas. El vandalismo viene generalmente después de la saturación de las balas. Ante la indignación, sí hubo emoción violenta, justificada y generada por los palazos. Los saqueos en el centro era romper lugares para cubrirse de los tiros. Era como Belfast o Bosnia, un país en guerra. Como reportero hay que abstraerse, pero fue mi límite. Me involucré y no me arrepiento”, agrega sobre su actitud en aquel momento. “No sabíamos de dónde venían las balas de plomo, pero llama la atención que no tengamos la imagen de nadie disparando a los que murieron. Pudo haber venido de cualquier lado”, dice abonando la teoría de la presencia de francotiradores, que, sin embargo, fue descartada en la investigación.
“Me produjo un vacío muy grande, no podía entender cómo alrededor del cuadro que yo estaba componiendo no había personas. Ese charco de sangre y él en esa soledad me dio la sensación de que era un país vacío, que había entrado en otro tiempo. El corría entre la gente, pero era un señor mayor. A diferencia de algunos pibes que había, él trató de calmar un poco, corrió junto a los chicos, pero jamás tuvo una actitud violenta. Se escuchaban balazos de todo tipo, pero no vi de dónde salió el que le pegó, sólo lo vi cayendo por los escalones, venía desarmándose hasta que cae casi delante mío, desangrándose”, dice el fotógrafo de Página/12 sobre Cárdenas. “Al parecer le habían pegado en la ingle, creo que se salvó de milagro, los reporteros empezamos a pedir a los gritos una ambulancia. Uno no puede intervenir porque no se puede tocar el cuerpo, pero sentí que tenía que hacer la imagen y también pedir ayuda. Estaba vivo cuando se lo llevaron, pero se lo veía muy mal, su cuerpo ya estaba como dejándose”, agrega Martínez.

17/12/11

Uno y los otros


NO ES LA HUIDA, ESTÚPIDO.
ES EL VIAJE LO QUE CUENTA.

Uno cree conocer al resto de los otros desde la propia soberbia con la que Uno pretende gobernar su mundo, en el que los demás son apenas sus soldaditos de pequeñas batallas. Batallas que no le cambiarán la vida a nadie, que no conquistarán derechos ni derrocarán dictaduras. Son las batallas de los egos, de las "carreras", las "competencias", las trayectorias de Unos y otros. Desde ese pequeño lugar, Uno dictamina sobre los otros, les dice lo que deben hacer para vivir mejor y ser mejores, pero no mejor que Uno, claro. Porque Uno está más allá de los otros. Uno subestima trayectos y experiencias de vida de otros. Porque Uno no escucha, no ve. Anda por ahí mostrándose tan seguro de sí, tan elegantemente ensimismado.
Y los otros, o sea nosotros, hacemos lo que podemos o lo que tipos como Uno creen que nos dejan hacer... que son tan generosos de prestarnos su tan demandada atención... debemos ser agradecidos y reprimir nuestras ganas de decirle a Uno, que se vaya a la mismísima mierda de donde salió.
Porque lo que para otro es un viaje, una vida, para Uno es apenas una huida, y una más entre todas las huidas que conforman la triste vida de un otro cualquiera, que no tuvo la suerte de ser como Uno.

Prefiero viajar y perderme, a quedarme quieto una vida esperando que el espejo refleje todo lo que yo creo que soy, o lo que tipos como Uno creen que debo ser.
No estoy seguro de casi nada, no me importa lo que vean de mí. Sólo quiero andar y dejarme llevar, por el viento del camino que me invite a vivir, el viaje más maravilloso que es el viaje sin retorno, al que nadie pude decirle su destino ni recordarle su origen. Porque nadie es dueño de su viaje, y eso es lo que Uno jamás entenderá.


(foto de Adriana Lestido)

10/09/11

La verdad de las grullas

Si le pido al mundo que pare y me lleve, tomo un sonido del aire y lo dejo caer.
Y si la esperanza se agota al fin, cuando vuelva el río con sus manos nos reunirá.
Por eso todos nos estamos mirando. en un instante por decirlo así.
Tengo una razón para pensar en Dios y en mí.
Sin embargo el cielo se cruza y no se deja saber.
Algo que se fue, sin totalmente desaparecer.
Algo que es un destello que nos viene a llevar.
Por eso todos nos estamos buscando, es imposible sólo con la sed.
Te espero así, en la más fuerte luz.
Entre las hojas, o en el aire.
En la laguna, sin que aparezca el rey...
Ya no están aquí, como ayer, las cosas que perdimos.
Todo quedó atrás al despertar.
Bosque azul en la oscuridad.
Nada es imposible sin tu amor...
Es la organización de la selva incrustada entre las ciudades que avanzan hasta morir.
Por eso todos nos estamos alejando, en un momento por decirlo así.
Tu desilusión nació una noche de verano, y todo esto se rompe, a la vez,
al despertar.
Bosque azul de la oscuridad... Nada es imposible sin tu amor...
Queda una verdad que dicen las grullas:
no te aventures más allá del valle mortal.
Dicen que se juntan allí seres humanos para capturarse y hacerse todo tipo de mal.
Por eso todos nos estamos mirando, en un momento por decirlo así.
Por eso todos nos estamos mirando, es imposible sòlo con la sed.

Luis Alberto Spinetta 
(Fotografía de Adriana Lestido)

02/09/11

Civilización

Cuando la civilización estalle,
en mi pobre corazón.
Cuando la visión distante
rompa el instante
de la sinrazón.
Cuando las calles muerdan,
el polvo del desamor.
Cuando las ciudades caigan...

yo sé que haré:
yo estaré en el medio de la ruta...
yo estaré en el medio del camino...
yo estaré abajo de la lluvia...
yo estaré con mi guitarra al hombro.
y yo seré en el viento del destino.

de Moris y Antonio Birabent
(Fotografía de Adriana Lestido)

21/08/11

armonías familiares mayores


Página/12. Domingo, 21 de agosto de 2011. 
35 minutos de vida
Hace más de quince años que Moris, el hombre que con sólo siete discos en 45 años inventó casi todo para los cantautores del rock nacional y se convirtió en una leyenda esquiva, no saca un disco nuevo. Su hijo Antonio –hiperproductivo, con 13 discos en su haber y flamante padre– lo convenció. Juntos grabaron Familia canción, en el que hacen canciones a cuatro manos de la mejor estirpe de los poetas urbanos, entre el tango, el rock, la bossa nova, el pop, Buenos Aires y la desolación. Radar entrevistó a los dos, y a la mujer que los une y que hizo posible este gran disco.
Moris (...) ahora está en un bar, tal vez la escenografía que mejor le queda, por obra de la obstinación de su hijo Antonio. El lo rescató de un exilio interno que pintaba para eterno, él lo pasaba a buscar cada día a las 9 de la mañana para ensayar, para terminar temas. Familia canción es un gran disco: melancolía y estribillo, Buenos Aires y desolación, pop y bossa nova y el tango omnipresente como una respiración. Las canciones tienen la solidez que Moris extravió en Sur y después, de 1995, el último canto del cisne que entonces amagaba con retorno pero que quedó como una intermitencia más, un gesto artístico trunco entre el desdén, alguna fobia, la vagancia, la filosofía y la música clásica.
Pero Familia canción es, también, mucho más que un gran disco. Es un abrazo padre e hijo que provoca un extraño juego de espejos que recuerda a aquel relato del esquiador desaparecido en la montaña que es descubierto décadas después, azarosamente, por su propio hijo que estaba esquiando en la misma zona; un desprendimiento de nieve revela el cadáver bajo una capa de hielo: el cuerpo está intacto y el hijo ve a su padre exactamente igual a él, pero más joven. El parecido de Antonio y su padre es notable: hablan igual, tienen los mismos modales. Algo, sin embargo, queda transfigurado: Moris parece el hijo de Antonio, lo escucha, lo admira, lo obedece; Antonio, a su vez, sabe qué representa este disco en la historia de Moris, qué representa Moris y cómo reverbera en la gente. A su manera, cada uno ocupa un lugar oblicuo que los deja fuera de foco: Birabent ya tiene 13 discos, es conocido por la televisión y el cine y no llega a consolidarse como un indiscutible de nada (condición que ostentan tantos discretísimos músicos y actores); el otro es el prócer misterioso del rock nacional, un outsider con apenas siete discos de estudio estirados en 45 años de una trayectoria despareja y prestigiosa, algo olvidada. Son raros y bellos los Birabent: sobrios hasta la parquedad, con temperamentos secos, gestos nobles y una fragilidad que asoma a cada instante y que a veces queda disimulada en cierta arrogancia. Son como cowboys urbanos. Y son, también, los esquiadores del relato.
“La otra vez –habla Moris, 68 años, la voz gutural de siempre– vino un pibe de 15 años a pedirme un autógrafo y a decir que se había comprado mi primer disco y que le encantaba. Yo le dije: ‘Escuchame, ¿no tendrías que estar comprando discos de Rihanna o de Lady Gaga?’. Me dijo que no, que le gusta lo mío. Yo no lo puedo entender...”
Moris no se da cuenta, no advierte, el peso específico de su propia obra. Para empezar, su condición de pionero multinorma: fue el autor del que se considera el primer tema y la primera movida promocional de rock argentino (“Rebelde”, con Los Beatniks, y la famosa presentación del disco arriba de una chata surcando las calles del Centro, a la manera de un Oliverio Girondo beat), compuso el primer (proto) rap (“De nada sirve”), la primera canción queer (“Escúchame entre el ruido”) y la primera fábula (“El oso”), metió los primeros hits de rock cantado en castellano en España (el cover de Carl Lee Perkins “Zapatos de gamuza azul”; “Sábado a la noche”)... Pero más allá de estos datos que tal vez hablan apenas de su intuición, o de circunstancias y oportunidades aprovechadas, habrá que decir que es el autor de algunas de las canciones e imágenes más hermosas del rock argentino.
Su disco debut, Treinta minutos de vida (1970), comparte contemporaneidad y perfección con el debut de Manal y el de Almendra, y también una visión de Buenos Aires donde el tango se filtra entre tres de las grandes tendencias musicales planetarias de entonces: el pop (Almendra), el blues en trío (Manal) y el folk-rock (Moris). Ahí está todo: fueron fundacionales de las tres estéticas predominantes en las siguientes décadas de rock argentino: las bandas más o menos modernas, sónicas (la que llega, digamos, a Babasónicos vía Gustavo Cerati), el rock callejero o barrial y la tradición del cantautor solista.
El siguiente álbum sería, al mismo tiempo, un volantazo y una profundización de Treinta minutos... La impronta urbana de Ciudad de guitarras callejeras (1974) estaría en “Mi querido amigo Pipo”, en “El mendigo de Dock Sud” y en esa suite desconcertante que se desarrolla en los nueve minutos de “Muchacho del taller y la oficina”, con frases descollantes como “estoy en José León Suárez / hay volcadores y camiones Pettinari / mujeres rojas salen de los bares / ferrocarriles transportando pueblos con calor”. En tanto, “Tengo 40 millones” y “El rock de Campana” (con su demencial grito “¡Campana, Campana, Campana!”) prenuncian la etapa española.
“Yo hablaba de José León Suárez, de Hurlingham, con conocimiento de causa. Andaba por ahí. Iba mucho por la ruta 8 porque vendía productos químicos: con una mano manejaba, y con la otra escribía apuntes en un cuaderno. Bueno, esas vivencias no las tengo más. Y yo creo que es importante saber de qué se habla”, dice ahora. Y avanza: “No podés escribir un tango del Bajo tomando yogur en Belgrano. Yo tiempo después de ‘El mendigo del Dock Sud’ volví al Docke a ver si se me ocurría algo...”
¿Y?
Moris: No se me ocurrió nada, para qué te voy a mentir. Cadícamo escribió “Anclao en París” a los 20 años, pero ¿qué hizo después de los 50? Ya estaba seco de historias. Es así, el aljibe se seca. Yo tengo un montón de demos, de canciones buenas, que algún día me gustaría mostrar. Gracias a éste me volvió a picar el bichito de grabar.
“Este” es Antonio, el imparable. Padre de un niño de ocho meses llamado justamente Oliverio, toma café con leche y da cuenta de su hiperactividad.
Antonio: La idea es de toda la vida. Al menos en mí. En un momento la di por perdida: no se daba, había destiempos. Es complicado grabar un disco solo, imaginate con tu padre... Me estaba resignando. Pero el año pasado insistí y lo puse entre la espada y la pared. “Papá, vamos, no hay tiempo que perder”.
Moris: En el 2010 él me estaba pasando unas letras mías a la computadora. Letras que estaban por ahí, en papeles. Y empezó a rescatar cosas como “Vedette falopa”, “Parado en una esquina”. Me preguntó si quería que las musicalizara y las arreglara. Ya tenían esbozos de músicas con guitarra o teclados, pero Antonio me pidió meterse.
Antonio: Si no lo hacíamos ahora no lo hacíamos más. Hubiese sido una pena y un desperdicio dejar pasar tanta sincronía musical, letrística, humana, familiar, sanguínea. Yo empecé a escuchar unos casetes caseros del año ’90, ’91, cuando tocaba la guitarra en su banda, y eso también fue un punto de partida. Eran grabaciones en la cocina... Y sentí emoción y desconcierto, porque ya pasaron 20 años y porque mi mujer estaba embarazada. Me dije: “Puta, un disco con papá va a ser importante para Oliverio”. Y a su vez, desde lo artístico, era un desafío.
¿Por qué no pusieron quién es el autor de cada tema?
Moris: Preferimos que quede como “Familia canción”. Incluso algunas letras mías fueron modificadas por él, yo también cambié cositas e ideas de Antonio... Fue un trabajo en común. Una amalgama.
Antonio: Sería difícil decirle a la gente de quién es cada letra. Por ejemplo “Thomas y Lacroze” parece una letra de él y es mía. El la musicalizó.

Antonio está cantando cada vez mejor, en una musicalidad que reluce en contraposición con el severo fraseo de su padre. Moris conserva su voz intacta –esa voz ya instalada en el imaginario sentimental del rock argentino– y emociona en “Parado en una esquina”. Completan el álbum “Civilización” (un hit potencial), “Thomas y Lacroze” (y sus reminiscencias a “Muchacho del taller y la oficina”: José León Suárez es aquí José C. Paz), “Vedette falopa”, “Buenos Aires Sur”, “Barrio pobre”, “Demorado en San Telmo”, “Fábricas nocturnas” y “El poeta de Varela”.
Dice Antonio: “Nos propusimos que sean todos temas nuevos. Mucha gente en el proceso de producción me decía: ‘¿Por qué no metés “Ayer nomás” cantado por vos y “Bienvenida seas” cantada por tu viejo?’. Y no. Queríamos que fuera así”. “Y corto, que fuera un disco corto –acerca Moris–. Porque, la verdad, ¿quién te dice que no haya un Familia canción 2?
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Es cierto: Familia canción se escucha como un sensible encuentro de dos hombres que, en vida, y hasta con alegría, replican la historia del esquiador: a la edad de Antonio, 42, Moris ya había consumado el núcleo de su obra y estaba tratando de volver con la Argentina de la democracia. El sistema de espejos es más complejo y habrá que iniciarlo en el instante en que el terrorismo de Estado hacía su ingreso triunfal en la vida de Moris. Una bomba incendiaria estalló en La Rueda Cuadrada, Defensa al 800, San Telmo, donde estaba actuando. Se dio cuenta de que la cosa iba en serio. Facundo Cabral le dijo que se fuera cuanto antes. Que en España lo suyo podía funcionar. En 15 días estaba en Madrid, con una mujer, dos hijos y dinero para vivir dos meses.
Moris: Y fue Facundo quien me consiguió el primer contrato. Era un acicate importante tener una familia atrás. Me forzaba a salir todas las mañanas a buscar trabajo, a inventar fechas para tocar, para dar pruebas en las compañías, para dejar demos. Yo tenía una carta de recomendación de la RCA, pero no pasaba nada. Daba clases de guitarra, tocaba en pubs, hasta que Inés me consiguió seis fechas para hacer en la universidad.
Antonio: Yo tenía 6 años y José, mi hermano, 2. Fue difícil. En la escuela se reían de cómo hablábamos. Tuvimos que aprender un manual de supervivencia. En dos meses ya hablábamos en castizo.
Moris: Fue duro, pero no quedaba otra que irse. Cuando veo en Página/12 las fotos de los desaparecidos se me pone la piel de gallina: yo podría haber sido uno de ellos.
Antonio: Mirá qué ironía. Lo de los espejos, digo. Cuando yo decido radicarme en Madrid en 1998 y llevo mi disco Azar bajo el brazo, casi nadie me conocía. Algunos, los pocos que me conocían, decían: cómo este tipo viene 20 años después que su papá y nos enseña a cantar electrónica en español. Porque Azar es un disco electrónico, y los españoles la electrónica la siguen cantando en inglés. Yo creo que si me quedaba me hubiera ido bien, pero estaba solo, sin familia. Había campo para desarrollarse. Estaba la revista Zona de Obras, el sello Subterfuge, periodistas como Diego Manrique que lo conocían a Moris y por extensión a mí...
Moris: Yo me acuerdo que grabé “Sábado a la noche” y me dijeron que tenía que cantar en inglés. Ellos estaban con Pink Floyd, Yes, Genesis, y a mí me parecía un plomazo. En uno de los shows del ciclo de las facultades me vino a ver el Mariscal Romero, le gustó, grabé “Zapatos de gamuza azul”, y la cosa comenzó a andar.
¿No fue una involución haber hecho rock and roll?
Moris: Es que yo cantaba “El oso” o “Ayer nomás”, y los españoles miraban para otro lado. Nunca hice concesiones, pero en España tuve que ser un poco demagogo. Inventé una historia. De entrada me puse a cantarle a Madrid, a hablar como ellos. “Nocturno de Princesa” pegó fuerte. Pero quedé “atrapado por el rock and roll”. Después vino Alaska, la mano pop, y chau.
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Desde “Pato trabaja en una carnicería” hasta hoy, el paso del tiempo atraviesa tu obra...
Moris: Yo diría que el tiempo es el gran tema. Me aterra el paso del tiempo. Krishnamurti decía que las pérdidas son vibraciones. A mí las pérdidas me causan dolor, congoja, tristeza. Recientemente he perdido amigos como Sandro, Beto Satragni, Facundo, pero también he perdido ideales, sentimientos. Porque no es temor a la muerte propia, es otra cosa. El dolor que provoca el “ya no ser”, como dice el tango.
¿Entonces?
Moris: No hay salida. Entonces hay que hacer lo que hace Antonio: canciones, discos, todo. Estoy muy orgulloso de él... Me subí a su proyecto con orgullo. Y lo hice por él, por mí, por José, por Inés. Familia canción. Pero el tiempo es invencible. Ya lo dijo Cacho Castaña: “No es lo mismo un pimpollo que una rosa seca”. Yo hablo mucho con la gente: taxistas, porteros, mozos, y me da la impresión de que quienes piensan menos sufren menos...
¿Y vos?
Moris: Estoy todo el tiempo pensando.


Por Mariano del Mazo
Moris y Antonio Birabent presentan
Familia canción el sábado
17 de septiembre en el ND Ateneo,

12/08/11

Hasta siempre Maestro...


Francisco Solano López (Buenos Aires, 1928 - Buenos Aires 12 de agosto de 2011)

Seguro que ya estarás dibujando una nueva historia, un nuevo mundo, un hombre nuevo, un nuevo héroe colectivo. Y seguro, que con letra del otro Maestro. Aquel que se llevaron los monstruos, pero no los de otro mundo, sino los nuestros, los propios. Los que no sabían leer, escribir, ni mucho menos dibujar. Porque sólo sabían crear muerte y terror.
Y seguro, que de fondo, les estará hinchando las pelotas, con chistes pesados y malos, con esa risa que causaba risa: Juan Salvo, el que enjauló a aquellos monstruos, a los nuestros, los propios. El que supo poner nerviosho a más de uno de los sospechos de siempre, ocultos en las sombras de siniestras oficinas, y que nunca antes siquiera se habían despeinado.
...
Hasta siempre, o hasta la próxima nevada.

29/07/11

Hasta que no lo tengas todo, no serás libre



Society

Oh, it's a mystery to me
We have agreed with which we have agreed
And you think you have to want more than you need
Until you have it all you won't be free.

Society, you're a crazy breed
Hope you're not lonely without me...

When you want more than you have
You think you need...
And when you think more than you want
Your thoughts begin to bleed
I think I need to find a bigger place
Because when you have more than you think
You need more space.

Society, you're a crazy breed
Hope you're not lonely without me...
Society, crazy indeed
Hope you're not lonely without me...

There's those thinking, more-or-less, less is more
But if less is more, how you keeping score?
Means for every point you make, your level drops
Kinda like you're starting from the top
You can't do that...

Society, you're a crazy breed
Hope you're not lonely without me...
Society, crazy indeed
Hope you're not lonely without me...

Society, have mercy on me
Hope you're not angry if I disagree...
Society, crazy indeed
Hope you're not lonely without me...

(Jerry Hannan/Eddie Vedder)

Dibujo de Genio Mosqueira.